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"Lotus lilies" es de Charles Courtney Curran (1861–1942), impresionista nacido en Kentucky, Estados Unidos .

miércoles, 10 de agosto de 2022

No hay título para esto, mamá

Hace quince días me despedí de ti, mamá. Pensé que no durarías muchos días más desde que te pusiste malita otra vez, pero me sorprendió lo corto del tiempo entre un sueño plácido y profundo del que no disfrutabas hacía muchísimo y tu última y única sonrisa horas después.  

Algunos me han preguntado cómo voy. No voy, tan simple como eso. Pensé que digeriría esto de otra manera después de años de verte sufrir tanto. Últimamente no tenías días buenos. Ya no hablabas. Ya no sonreías cuando te cantaba Mi Buenos Aires querido, que sabrá Dios por qué te gustaba tanto. Muchos dicen que es una bendición tener una madre tantos años. No sé qué decir. Sentirte sufrir tanto tiempo no fue bueno. Pero me haces falta, mamá.

Nos gustaba contar cuántos Papas habías conocido. Te registramos desde Pío XI hasta Francisco. Ocho. Viviste dos guerras grandes. Emigraste. Levantaste una vida allá y otra aquí. Pero el allá nunca se perdió con el aquí. Me queda el cara al sol de los franquistas y el venid muchachos venid, sed espejo de excelsa virtud de los republicanos, el himno de España con letra, los versos de Rosalía de Castro. Me queda el esmagar, el xeitoso y la luna lunera cascabelera. Me queda la herencia y el amor por un país que apenas he vivido. Me queda tu nacionalidad. Me queda el ADN común de la familia. Me quedan las blusas y las faldas que me cosiste, las chaquetas perfectas, el traje de boda. Me queda tu amor por cuanto perro y gato existiera.  Aunque sé que viviste mucho y no era justo pedirle más prórroga a tu vida, ahora me doy cuenta de lo que me hace mucha falta. El hablar. Ya no tengo a quién contarle.

En esas horas después que cerraste los ojos en mis brazos y el inevitable día de legalidades, me quedé acostada a tu lado recordando el camino que recorrimos juntas estos casi seis años en este país destrozado. No sé por qué te lo digo, porque tal vez me acompañaste por última vez antes de irte a esa luz que viste cuando sonreíste. En estos años perdimos ambas y ganamos las dos. Tú perdiste las piernas, tu movilidad, tu plácida e independiente vida. Yo perdí mi vida como la conocía hasta el momento, mi casa, mi trabajo, mi alegría, el hijo que adoptaste como propio y extrañaste diariamente hasta que lo sacaste de tus recuerdos. No te reclamo nada. Te pido perdón por no haber hecho más, por no haber entendido a tiempo signos de enfermedad que pudieran haberte ahorrado dolor.  Ganamos las dos, porque cuidarte me enseñó a entender el sufrimiento, a sacar fuerzas que no sabía podía tener, a decidir sin el miedo que tantas veces me amenazó, a conocer a las personas con quienes realmente se podía contar y a quiénes había que olvidar, a dar gracias por tanta ayuda que recibimos,  a comprender que una cosa es querer morirse y otra morirse. Tú, porque moriste como siempre quisiste, en tu casa, en tu cama, con tus hijas.

Para ti todo tenía arreglo. Por eso viviste 99 años. Por eso creo que el día que decidiste irte es porque supiste, muy allá en el fondo de tu memoria, que yo podía arreglármelas sola. 

Te dejo un enlace por si quieres oír otra vez a Gardel.

Sé que estás bien ahora. 

Pero, cómo me hace falta contarte, mamá. 




Mi Buenos Aires querido