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"Lotus lilies" es de Charles Courtney Curran (1861–1942), impresionista nacido en Kentucky, Estados Unidos .

lunes, 19 de febrero de 2018

El reinicio





Si me preguntaran por qué desapareció mi blog durante un año, podría contestar que la tristeza es un poderoso acicate para desanimarse y hacer desaparecer la inspiración. O para escribir cosas depresivas y sacarse lo que uno tiene adentro, pero para entristecer a los demás no es muy decente. Ha sido un año salvaje –pero para mal- en acontecimientos personales, profesionales y ambientales… el ambiente económico que ha llevado a gran parte de la población a literalmente huir del país y a aquellos que por decisión propia no lo hemos hecho, a ver y ser sometidos a la más brutal situación de miseria que hayamos conocido. 


Mujer joven en la cocina con gato (sin fecha)
József Rippl-Rónai
(Hungría, 1861 - 1930)
Es muy difícil escribir un blog relacionado con comida en un país donde un supermercado normal sólo tiene sal, comida concentrada para perros, limpiadores de pocetas y muchas, pero muchas, estanterías vacías. Pero hay que comer y el asunto es cómo. Llevo diciendo varias semanas a quién me quiere oír que cuando esto acabe, si es que acaba y no con nosotros muertos, no voy  a comer yuca nunca más en mi vida. He hecho arepas de yuca, yuca sancochada, yuca frita, tortilla de yuca, croquetas de yuca…y estoy entrando en paranoia porque ahora recomiendan ponerle un dedo a la yuca que se compra fuera de sitios autorizados, saborearse el dedo y si sabe amarga, tiene cianuro y es tóxica. Díganme ustedes… 

No he hecho yuca en dulce porque hace unos tres años –cuando ya la cosa estaba poniéndose turbia- mi esposo compraba unos pasteles de hojaldre con manzana  y pagaba una cantidad que no justificaba su sabor, ni tamaño, ni contenido, en una “pastelería” que quedaba cerca de casa. En su defensa, no había mucho más dónde escoger.  El hojaldre estaba decente al principio, pero cuando las grasas animales y vegetales desaparecieron del mercado, el hojaldre ya no era hojaldre y tenía consistencia de una suela de zapato. Luego desapareció el azúcar y usaron cocacola para endulzar. Finalmente,  me cansé de decirle que el relleno no era manzana. Que la manzana no tenía hilachas. Que la manzana no se ponía tan oscura al cocinarla. Que la manzana no sabía a refresco de manzana. Que la manzana sabía a manzana. Tanto le insistí, que con la confianza que le había cogido a los dependientes de la tienda –así cualquiera, comprando frecuentemente pasteles de manzana que no eran manzana-, le preguntó si de verdad los pasteles eran de manzana. Sin un atisbo de vergüenza, el dependiente le manifestó que no. ¡Bingo! –¿Y de qué son? –De yuca, señor. 
Por eso no he cocinado ninguna receta dulce con yuca. Tal vez me arrepienta y dentro de veinte años cuando esté en las islas Fidji viviendo debajo de una palmera me provoque volver a comer yuca otra vez… 


En esta situación tan complicada que estamos viviendo y habiendo crecido con unos padres sobrevivientes de dos guerras que nos enseñaron a resistir aunque las circunstancias fueran muy adversas, he resuelto iniciar mi propia empresa de mermeladas porque  hay algo que este bendito país siempre tendrá: las frutas tropicales, frescas y recién cosechadas, sin refrigeración.

 

Aún tengo algunos problemas logísticos propios de un país donde no hay inventarios (etiquetas, frascos, tapas) y que no me dejan crecer con apoyo de amigos en otras ciudades. Inicié la producción con sabores poco convencionales, como naranja con auyama, parchita, mango con naranja, citrón, tomate de árbol, cabello de ángel. También hago las tradicionales, como guayaba al azahar y un chutney muy resuelto con mango y verduras que le levanta los ánimos al más deprimido. El prototipo de mermelada de citrón fue evaluado dentro de unos bollos calientitos  hechos de harina de trigo muy escasa,  junto con nata de un productor local. Creánme que fue la absoluta gloria. ¡Tan absoluta que voy a vender esa mermelada sólo a gente muy especial!

Mi madre ha resultado ser la probadora oficial ad honorem. Opina que todas son riquísimas. Mi odontóloga es la crítica más feroz y la cliente más fiel, pero es mi probadora certificada. Mi hermana, que es una artista en Origami, adornó con corazones la edición especial del día de San Valentín y diseñó en Excel todas las páginas de administración para no volverme loca en un futuro entre inventarios, clientes y ventas.  Mi amigo Fran ya había hecho el diseño de la etiqueta en un tiempo en el que pensé vender mermeladas en Ecuador.

Para finalizar esta entrada, quería contar que un muy buen amigo español a quien quiero muchísimo, dictó hace unos años (muchos también de no verlo) una conferencia en Venezuela sobre la tragedia del Prestige. Recuerdo de su conferencia una expresión que aún tengo en la memoria: ante la marea negra del combustible que había inundado las costas gallegas, había surgido una marea blanca, la de los voluntarios vestidos de blanco que ayudaron durante muchos días a remover la masa densa del combustible que se había adherido al paisaje marino. Para nuestra familia, también ha habido una marea de gente amiga que allende los mares y las fronteras de países hermanos nos ayudaron a sobrevivir en este año fatídico enviando medicinas, insumos médicos y personales, comida, mensajes y audios en whatsapp, abrazos virtuales, soporte anímico. También los amigos de adentro han hecho todo lo posible por ayudarnos a capear el temporal, siendo oídos, siendo manos, siendo conectores de información, siendo donantes de sangre. Han aparecido desconocidos donando medicinas indispensables sin pedir nada a cambio. Para todos mi más eterno agradecimiento.

Algo hay que hacer. Pero aquellos que nos quedamos no podemos rendirnos.

Si logran conseguir harina de trigo, va la receta de los bollos. Se hacen en sartén tapada a fuego bajo, pero me ha resultado cocinar a fuego alto primero un minuto y luego bajarlo durante cuatro a cinco minutos. Creo se pueden hacer en horno y deben quedar mejor, pero como hay problemas con suministro de gas, hay que resolver. Para unas diez unidades:
,
250 gramos de harina
1 cucharada de levadura seca
1 cucharada de azúcar
Sal al gusto
125 mililitros de agua
30 mililitros de aceite vegetal
1 huevo 

Mezclar primero los ingredientes secos, luego los líquidos. Amasar unos diez minutos, dejar reposar al menos media hora tapando con un paño húmedo en un sitio calientito. Amasar con rodillo y cortar redondeles de un dedo de grosor. Cocinar por cada lado y rellenar con mis mermeladas. Listo.
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Bodegón con balanza de cocina. 
Felix Nussbaum, Alemania (1940)
"Las dueñas no habían pensado dar ninguna recepción. Una cena sencilla con una taza de café era el banquete más caro al que habían invitado a ningún huésped. Pero los oscuros ojos de Babette se mostraron tan ansiosos y suplicantes como los de un perro; así que consintieron en dejarle hacer lo que quisiera. Al oír esto, el semblante de la cocinera se iluminó.
Pero tenía más cosas que decir. Quería, dijo, preparar una cena francesa, una verdadera cena francesa, por esta única vez. Martine y Philippa se miraron. No les gustó la idea; se daban cuenta de que no se sabía qué podía significar. Pero la misma extrañeza de la petición las desarmó. No tuvieron argumento que oponer a la proposición de confeccionar una verdadera cena francesa"

La fiesta de Babette, Isak Dinesen (1958)

Las pinturas son de acceso libre en theathenaeum.org. Las fotos son de mi autoría.