Cruce de caminos
Después del distribuidor Nº 2 de la autopista central existe un cruce de caminos: el que lleva a la montaña y el que conduce al desierto. En ese cruce hay una baranda doblada, que alguna vez fue plateada y que evidentemente ha recibido múltiples contusiones y provoca ese tipo de comentarios ociosos de cuántos habrán chocado allí, que le habrá pasado al conductor, ya podía el gobernador cambiarla...
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| Autoretrato contra un cielo azul. Edward Munch, 1908. |
Hubo un día especial en el que me detuve y le pregunté que hacía allí.
- Observo.
- ¿Qué observa?
- El mundo pasar. Por ejemplo, usted pasaba por esta vía cuatro veces al día. Luego varió la rutina y va y viene cada hora. Entonces me pregunto por qué cambió su esquema. Y filosofo sobre las costumbres de El Hombre.
- ¿Y no se cansa?
- No. Verá. Es sumamente divertido. Desde que estoy aquí, he visto cómo cambian las modas de los carros. Antes se estilaban los compactos de dos puertas. Ahora son las camionetas, de todos los colores y todos los estilos. A veces me entretengo viendo como las personas gesticulan dentro de los carros. O hablan solos pensando que nadie los ve. Otras veces veo a una pareja pegaditos y solo una mano de la mujer apoyada en el hombro del chofer. Ahí me excito pensando que siente él. Y es evidente porque disminuyen la velocidad. Claro, no se puede manejar y sentir al mismo tiempo. Cuando el tránsito se pone lento veo a los chóferes solitarios sacándose los mocos. Ayer mismo lo vi a usted...
- ¿Y siempre hizo esto?
- No. Antes era como usted. Viajaba cuatro veces al día por la misma vía, en el mismo carro, para el mismo trabajo, veía las mismas caras, conversaba sobre las mismas cosas.
- ¿Y cuándo decidió hacer esto?
- Bueno, un día observé a un individuo de camisa blanca y pantalón gris con lentes negros, en este mismo sitio. Y lo observé día tras día, a las mismas horas. Luego salía de la oficina a cualquier hora y siempre lo encontraba aquí. Finalmente recorrí la vía a cada hora del día y siempre lo ví. Hice lo mismo que usted. Detuve el carro y le pregunté exactamente lo mismo que usted me está preguntando a mí. Y él, a su vez, me contó la misma historia que luego me pasó a mí.
- ¿Y que le hizo a usted tomar su puesto?
- Bueno, ya estaba aburrido de hacer siempre lo mismo. Tenía enfermedad del corazón por las preocupaciones, el sedentarismo, las noticias de los periódicos, los políticos, el gobierno... Pero lo que definitivamente me decidió fue el día que vi el choque.
- ¿Cuál choque?
- El de un camión que se salió y pegó contra la baranda. Fue muy desagradable. El hombre vestido de camisa blanca y pantalón gris murió en el accidente. Y luego, cada día, comencé a extrañar verlo allí, detrás de la baranda. Y recordé lo divertido que se mostró hablándome de las modas de los carros, de la mujer con la mano en los pantalones del hombre, de la conducta de los chóferes en las colas. Y cada día me parecía más aburrido el trabajo y me parecía más atrayente pasar mi día observando a El Hombre y sacando conclusiones. Y también pensé que probablemente le hacía falta a otros chóferes verlo allí, porque no me va a negar usted que se le hace más llevadero el camino el elucubrar sobre lo que estoy haciendo aquí. Decidí hacer un acto de humanidad y tomé su puesto. Y le diré, me siento muy bien. Después de un tiempo, los autobuseros que cubren larga distancia ya me tienen confianza y me dejan cambures, cachapas con queso, o empanaditas de cazón y papelón con limón*. Y como esta vía tiene tanto tránsito, no paso hambre ni sed. O se detiene algún chofer y entabla conversación conmigo, y a veces ni eso hacía en mi casa porque siempre había algo que ver en la televisión. En la noche, la telenovela: No, no me molestes porque Sutanita se va a besar con Fulanito. A las 10 eran las noticias: no, ahora no porque van a anunciar la devaluación. En la mañana antes de salir, el programa de ejercicios para reducir el abdomen. A mediodía, las recetas de cocina. Los fines de semana, las películas de acción, los partidos de fútbol. Y no le digo de hacer lo otro: hoy me duele la cabeza, es muy tarde, quiero dormir. Y le digo, aquí me aprecian más. Al menos me prestan atención: me observan, me dan de comer, conversan conmigo...
Luego se volvió y comenzó a observar de nuevo la vía. Me despedí.
Ya hace un año que recorrí el camino a la oficina y me detuve asustado frente a la baranda. Un camión se había salido de la vía al estallar un caucho y embistió contra la baranda. Y fatalmente, el hombre de camisa blanca y pantalón gris yacía despatarrado contra el piso, con la cabeza destrozada.
Pasé quince días obsesionado con el choque. Cada día extrañaba más al individuo de camisa blanca y pantalón gris.
Hace casi un año que abandoné la oficina. Hace casi un año me vestí por primera vez de camisa blanca y pantalón gris y me consagré a pasar las horas detrás de la baranda. Desde entonces la vida me parece más divertida. Precisamente hace una semana se detuvo el conductor de una camioneta roja y me hizo las mismas preguntas que yo hice hace un año, después que estuvo una semana yendo y viniendo a todas horas del día, observándome.
Hoy fue un día especial. El cielo estaba azul y sentí una brisa fría, muy agradable, cuando el camión perdió la vía y embistió la baranda.
*****
En Venezuela, la palabra cambur define a un tipo de banana que se come cruda. Como diría Llanos, española de Albacete, nosotros inventamos mucho con los nombres. Pero sorprendentemente, cambur deriva de un término que usan en las islas Canarias para nombrar a los camburi, una variedad de plátano. Existen en Venezuela otros tipos con los nombres de titiaro, cuyaco, pineo enano, pineo gigante, concha verde, valery,
cuyaco-pineo, gigante o lacatán, cambur morado, morado verde o injerto,
cambur negro o criollo, plátano hartón, hartón enano, plátano dominico,
dominico topocho, cambur ácido, cambur manzano, tornasol, mysore,
topocho verde, topocho cenizo, topocho enano, ice cream, topochos, guineos y manzanos, dependiendo de la variedad. En otras partes del mundo se les llama simplemente plátanos, pero en Venezuela la fruta a la que se le da el nombre de plátano se fríe, se sancocha o se hornea, pero no se come crudo por su alto contenido en fécula. Mejor dicho, no se debe comer crudo, pero mi madre adicta a estas musáceas no le importa meter una a la boca entre tajada y tajada que fríe en aceite bastante caliente. En Estados Unidos, el término para la fruta que se come cruda es "banana" mientras que los plátanos para cocinar son "plantains". En Ecuador, en la provincia de El Oro hay kilómetros y kilómetros de plantaciones de plátano (se estiman ¡214.000 hectáreas sembradas! para el 10% de la producción total del mundo).
Para los europeos es una cuestión extraña lo de freír los plátanos. Para varios países de América Central y del Sur así como asiáticos y africanos es indispensable en la mayoría de las comidas. Algún día contaré la historia de los patacones zulianos.
En una orgía gastronómica internacional en la que españoles, ecuatorianos y un italiano participamos como chefs y comensales, los plátanos que freí nunca hicieron el camino de la cocina hacia el comedor. Sólo salieron del plato donde los iba poniendo espolvoreados con sal directamente a la boca de Gianluca, Ángel y Paco que estaban alrededor. Calientes, crujientes, con una combinación perfecta del dulzor del plátano con la sal, estilo venezolano. Una vez se le ocurrió a don Paco de Albacete, ávido experimentador en sabores, tiras de jamón serrano por encima. Nada mal, debo decir.
En Curazao, isla holandesa frente a las costas occidentales de Venezuela, es muy común el plátano freído, como se le denomina en papiamento al plátano frito. Una curazoleña me dió la receta de un pastel de plátano con carne que es también es preparado en otros paises del Caribe. Se pueden freir varios plátanos maduros (y por tanto más dulces) en tajadas y en una fuente refractaria se van intercalando capas de plátano frito con carne molida de res ya cocida previamente con adobos, tomate, cebollas y etcéteras. Se remata el pastel con queso rallado y al horno.
Con unos plátanos muy maduros una vez hice unas bolitas fritas con queso artesanal de cabra que tenía mucho sabor y olor, pero poca sal. El plátano lo cociné en agua hasta ablandar, lo escurrí, lo aplasté con un tenedor y le añadí mezclando el queso rallado, sal y pimienta. Hice las bolitas con la mano, las pasé por huevo batido y pan rallado y luego las freí. Muy ricas.
Con unos plátanos muy maduros una vez hice unas bolitas fritas con queso artesanal de cabra que tenía mucho sabor y olor, pero poca sal. El plátano lo cociné en agua hasta ablandar, lo escurrí, lo aplasté con un tenedor y le añadí mezclando el queso rallado, sal y pimienta. Hice las bolitas con la mano, las pasé por huevo batido y pan rallado y luego las freí. Muy ricas.
La cachapa es un plato típico de Venezuela y Colombia, como una tortilla, pero hecha de maiz tierno molido o rallado al que se le añade leche o agua, azúcar, sal y aceite.
Esa masa semilíquida se cocina a fuego moderadamente alto sobre una plancha engrasada. A la cachapa se le pone queso o mantequilla y se puede comer con la mano en puestos de la carretera o en restaurantes a cualquier hora del día. También se pueden conseguir ya listas en el supermercado o en mezclas para preparar en casa. Pero definitivamente, no hay comparación con las cachapas originales. Hay unas cachapas buenísimas en una restaurancito modesto en Hoyo de la Puerta en Caracas.
Por cierto, es poco elegante decir cachapera en Venezuela y Puerto Rico. Es un término peyorativo que define una relación homosexual femenina. Pero debo confesar y perdonen lo prosaico, que en las colas enormes que están presentes en todos los rincones de Venezuela para comprar productos básicos y en las que las personas están casi adheridas unas con otras para no perder su puesto, la palabra que surge es mi cabeza es la de cachapera.
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| http://amantesdelacocina.com/cocina/2011/11/cachapa-venezolana/ |
Esa masa semilíquida se cocina a fuego moderadamente alto sobre una plancha engrasada. A la cachapa se le pone queso o mantequilla y se puede comer con la mano en puestos de la carretera o en restaurantes a cualquier hora del día. También se pueden conseguir ya listas en el supermercado o en mezclas para preparar en casa. Pero definitivamente, no hay comparación con las cachapas originales. Hay unas cachapas buenísimas en una restaurancito modesto en Hoyo de la Puerta en Caracas.
Por cierto, es poco elegante decir cachapera en Venezuela y Puerto Rico. Es un término peyorativo que define una relación homosexual femenina. Pero debo confesar y perdonen lo prosaico, que en las colas enormes que están presentes en todos los rincones de Venezuela para comprar productos básicos y en las que las personas están casi adheridas unas con otras para no perder su puesto, la palabra que surge es mi cabeza es la de cachapera.
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| https://historiasdesobremesa.wordpress.com |
La receta original del papelón con limón es ésta: con mucha paciencia se coloca una panela en dos litros de agua y se deja en la nevera hasta que se deshaga. Se puede calentar el agua un poco con unos clavos de olor pero no mucho, porque no se quiere un almíbar. En ambos casos y en frío, se le añade limón al gusto. La exquisitez de esta bebida radica en la combinación perfecta entre el dulce del papelón y la acidez del limón.
No te sientes al lado de mi cajón mortuorio
usando a tus cuñadas como reclinatorio;
y cuando alguien, amada, se acerque a darte el pésame,
no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame!
Hazte, amada, la sorda cuando algún güelefrito
dictamine, observándome, que he quedado igualito.
Y hazte la que no oye ni comprende ni mira
cuando alguno comente que parece mentira.
Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda:
Yo quiero ser un muerto como los de Neruda;
y por lo tanto, amada, no te enlutes ni llores:
¡Eso es para los muertos estilo Julio Florez!
No se te ocurra, amada, formar la gran «llorona»
cada vez que te anuncien que llegó una corona;
pero tampoco vayas a salir de indiscreta
a curiosear el nombre que tiene la tarjeta.
No grites, amada, que te lleve conmigo
y que sin mí te quedas como en «Tomo y obligo»,
ni vayas a ponerte, con la voz desgarrada,
a divulgar detalles de mi vida privada.
Amor, cuando yo muera no hagas lo que hacen todas;
no copies sus estilos, no repitas sus modas:
Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre extinto,
¡sepa al menos el mundo que fui un muerto distinto!
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| Zapatazos. Pedro León Zapata (1929-2015) |
Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda,
ni llores sacudiéndote como quien estornuda,
ni sufras «pataletas» que al vecindario alarmen,
ni para prevenirlas compres gotas del Carmen.
ni sufras «pataletas» que al vecindario alarmen,
ni para prevenirlas compres gotas del Carmen.
No te sientes al lado de mi cajón mortuorio
usando a tus cuñadas como reclinatorio;
y cuando alguien, amada, se acerque a darte el pésame,
no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame!
Hazte, amada, la sorda cuando algún güelefrito
dictamine, observándome, que he quedado igualito.
Y hazte la que no oye ni comprende ni mira
cuando alguno comente que parece mentira.
Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda:
Yo quiero ser un muerto como los de Neruda;
y por lo tanto, amada, no te enlutes ni llores:
¡Eso es para los muertos estilo Julio Florez!
No se te ocurra, amada, formar la gran «llorona»
cada vez que te anuncien que llegó una corona;
pero tampoco vayas a salir de indiscreta
a curiosear el nombre que tiene la tarjeta.
No grites, amada, que te lleve conmigo
y que sin mí te quedas como en «Tomo y obligo»,
ni vayas a ponerte, con la voz desgarrada,
a divulgar detalles de mi vida privada.
Amor, cuando yo muera no hagas lo que hacen todas;
no copies sus estilos, no repitas sus modas:
Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre extinto,
¡sepa al menos el mundo que fui un muerto distinto!
Amor, cuando yo muera... Aquiles Nazoa (1920-1976): escritor, poeta, periodista y humorista venezolano.
Cruce de caminos es de mi autoría. Fue publicado en La Vecina (2002). Editado por la Dirección de Cultura de la Universidad Francisco de Miranda, Venezuela. ISBN 980-245-013-8.
Pedro León Zapata fue un caricaturista, pintor y humorista venezolano. Durante 50 años publicó sus Zapatazos en el diario venezolano El Nacional. La imagen se obtuvo de venciclopedia.com.
Pedro León Zapata fue un caricaturista, pintor y humorista venezolano. Durante 50 años publicó sus Zapatazos en el diario venezolano El Nacional. La imagen se obtuvo de venciclopedia.com.
La imagen del óleo de Edward Munch es de the athenaeum.org.










