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"Lotus lilies" es de Charles Courtney Curran (1861–1942), impresionista nacido en Kentucky, Estados Unidos .

domingo, 24 de octubre de 2021

La academia y los árboles genealógicos (...con disculpas por el cambio de tema en este blog)

 

 A mi tutor, quien fue rector de una universidad en la que transité los caminos de excelencia

 

Cuando Platón, discípulo de Sócrates,  tenía 40 años, creó la academia al aire libre en las afueras de la ciudad de Atenas. Platón y sus discípulos se reunían a conversar sobre filosofía, incluyendo a su discípulo Aristóteles. La leyenda dice que el lugar había sido un jardín de olivos y plátanos perteneciente al héroe ateniense Academo, que había ayudado a Cástor y Pólux a liberar a su hermana Elena del sitio donde la mantenían secuestrada. En recompensa, la tierra perteneciente a Academo se exceptuó de la conquista y éste aparentemente cedió esos terrenos para la enseñanza. La mayoría de los estudiantes viajaban desde otras ciudades para asistir a las clases. Debido a que no muchos sabían leer y escribir, las lecciones se transmitían verbalmente. Esta academia fue una idea original de Platón, ya que Sócrates era escéptico sobre la capacidad de un maestro para transmitir conocimientos directamente a un alumno. Platón también hizo levantar en el recinto de la academia un pequeño templo a las Musas. Tras su muerte, la academia siguió prosperando durante casi tres siglos.

Hans Adolf Krebs fue un médico alemán nacido en agosto de 1900. Como hijo de médico judío, Krebs abandonó la Alemania nazi en 1933 y emigró a Inglaterra con una ayuda de la Fundación Rockefeller para trabajar en Cambridge con Frederick Gowland Hopkins (quien había ganado el Nobel en 1929 por sus hallazgos sobre el papel de las vitaminas A, C y D). En 1937, Krebs comenzó sus estudios sobre el ciclo del ácido cítrico (o como lo conocemos todos los que estudiamos una carrera biológica, el ciclo de Krebs). Debido a sus estudios en el ciclo del ácido cítrico, Krebs compartió el Premio Nobel de Medicina en 1953 con Fritz Albert Lipmann, el descubridor de la coenzima A, componente vital del ciclo. 
Para los neófitos, el objetivo final del ciclo de Krebs es promover la descomposición de los productos finales del metabolismo de los carbohidratos, lípidos y algunos aminoácidos. Todas estas sustancias que son ingeridas con los alimentos, sufren transformaciones químicas que concluyen con la liberación de dióxido de carbono, agua y energía química utilizable. 
 
Los científicos no nacen sino que los hacen quienes les enseñan a investigar, lo que aboga por la perpetuación de la excelencia. 
 
Esta es la introducción al artículo The making of a scientist (La formación de un científico, en español) publicado en la revista Nature del 30 de septiembre de 1967 y firmado por Hans Krebs. En ese artículo, Krebs expone su árbol genealógico académico. Algunos de sus profesores, así como los profesores de sus profesores, fueron galardonados con el Nobel como él. Krebs hace también referencia a que las universidades deben ser centros de excelencia y hacer todo lo posible para que sus docentes-investigadores tengan oportunidades para crear investigación de calidad, de lo contrario, van a comenzar a deteriorarse.  
 
La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito, decía Aristóteles. 
 


En estos días, dos libros llegaron a mis manos. Uno, El ocaso de las universidades, editado por primera vez en 1984 por Monte Ávila, cuyo autor fue el filósofo venezolano Ernesto Mayz Vallenilla (1925-2015), rector fundador y jardinero honorario de la Universidad Simón Bolívar. La Simón, como la llamamos los que estudiamos allí, inició sus actividades en 1970 en una antigua hacienda cafetalera del Valle de Sartenejas, con una fuerte inclinación hacia la investigación científica y tecnológica, constituyéndose en una de las principales universidades del país en un ambiente rodeado de hermosísimos jardines y niebla junto con obras de arte mezcladas con la naturaleza. El libro está dedicado por mano del autor al profesor Pedro María Aso, en ocasión de su toma de posesión como rector de La Simón y quien iniciaba en ese año 2001 una de las más difíciles gestiones al frente de una universidad, que ya acusaba recibo de los agónicos presupuestos provenientes del erario público y que veinte años después ha terminado – a propósito o no, no lo sé- con la casi destrucción de las universidades públicas del país. Este ejemplar del libro de Mayz Vallenilla, con el color de sus hojas de veinte años a cuestas, venía a su vez dedicado por el Rector Aso y cito:
 
[...] mientras haya jóvenes con ansias de ser y aprender, no habrá tal ocaso, sólo debemos estar atentos a la forma de atenderlos.
 
El segundo libro que recibiera, El quehacer de la universidad, autoría del Rector Aso y publicado por la Editorial Equinoccio de la Universidad Simón Bolívar, es una compilación de los discursos y artículos editoriales de su gestión rectoral. Estas palabras las tomo de su prologuista fallecido en el 2015, Carlos Pacheco, Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, crítico, ensayista, editor y profesor emérito de La Simón. Es un libro sumamente agradable de leer, porque no es una serie de discursos rígidos propios de ceremonias de graduación. Pedro Aso hace  una maravillosa combinación de la situación del país y de la universidad con ejemplos de la biología, disciplina en la que se formó. En particular, me llamó la atención del discurso ¿Qué es un estudiante exitoso?, un párrafo que el autor toma de un estudio hecho por investigadores de la Universidad de Los Andes en 1992:
 
 ¿Qué ocurre con los estudiantes triunfadores? ¿De dónde son ellos? ¿De dónde vienen? 

 […] Los estudiantes exitosos no son personas que esperan sentadas, viendo pasar la vida. 

Si éstos estudiantes encuentran árboles genealógicos académicos de excelencia como describió Hans Krebs, ¿no tendremos la semilla de un país pujante y tecnológico?, o mejor, ¿no fuimos un país pujante y tecnológico? 

Llevo meses preguntándome por qué en los últimos años nuestras universidades han sido sistemáticamente asfixiadas, abandonadas en infraestructura, sometidas a robos -planificados o no-, bibliotecas perdidas o incendiadas y esclavizados sus mejores activos, los profesores de excelencia, a la pobreza, el hambre y a la migración obligada para poder supervivir. La Academia y la continuidad de sus árboles genealógicos casi han desaparecido... o se están constituyendo otros árboles migrantes a lo largo del planeta. Tomo del rector Aso -en su discurso del 14 de noviembre del 2002-, su párrafo del filósofo español Juan Luis Vives: 

 

La victoria digna de la alabanza humana es aquella que es propia del hombre y no de la bestia. 


Gracias al Rector Aso por los libros. Muchas gracias por formar parte de mi árbol genealógico académico.

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