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"Lotus lilies" es de Charles Courtney Curran (1861–1942), impresionista nacido en Kentucky, Estados Unidos .

domingo, 7 de febrero de 2016

A diez metros de distancia, Selva y un aderezo de tomate de árbol.

A Diez metros de distancia (The hundred-foot journey) es una película dirigida por Lasse Hallström y exhibida por primera vez en el 2014.  Madame Mallory (Helen Mirren) es la dueña de un caro y elegante restaurant francés, Le Saule Pleurer ( El Sauce Llorón, en español) ganador de una prestigiosa estrella Michelin. Pero una estrella no es suficiente para Mme. Mallory...quiere una más y después de las dos, otra, hasta lograr las tres estrellas definitivas. Pero su búsqueda de grandeza se ve interrumpida por la llegada de una familia de India, los Kadam, al otro lado de la calle, justamente enfrente de su restaurant de lujo. La familia ha estado viajando por Europa en búsqueda de un sitio donde colocar una réplica de su restaurant destruido en su país de origen. El padre de familia (Om Puri) interpreta una avería en los frenos de su carro como una señal para quedarse allí.  
Imagen By Source (WP:NFCC#4), https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=42751590



Esta película no hubiera pasado de ser una buena y tal vez poco convencional película, de no haber conocido a Selvaraj, un PhD que atravesó medio planeta durante 36 horas hasta arribar a Ecuador desde India para una estancia de investigación en la universidad. Lo muy curioso es que además de trabajar en biodegradación, expresa en lengua tamil su amor por la naturaleza y debido a sus libros de poesía es ampliamente reconocido en su región natal.
Compartí con Selva -como gustaba que lo nombraran- cinco almuerzos a la semana durante casi un año, en los que no pasó uno sin que se quejara de la falta de condimento y de variedad en el menú del comedor universitario. Las lágrimas se asomaban a sus ojos cuando comentaba lo mucho que extrañaba los sabores de la India. Pagaba doble ración para pedir una muestra de todos los platos disponibles, la mayoría muy rica en carbohidratos, pero ponía especial esmero en que le entendieran que quería mucho arroz, al que bañaba profusamente con un aderezo ecuatoriano muy diluido que contenía tomate de árbol, ají picante, limón, a veces unos ajos en pequeñas láminas y culantro.

Al sentarse con su bandeja delante, mezclaba toda la comida sin meticulosidad para terminar ingiriéndola con una cuchara. A los ojos de los occidentales que almorzábamos con él su forma de comer era la barbarie total. Carecía de pudor -o al menos todos lo interprétabamos asi-  al  masticar con la boca abierta. Hablaba en un inglés difícil de entender mientras comía, lo que significaba que los granos de arroz viajaban aleatoriamente a través del espacio circundante para finalmente aterrizar en la ropa de alguno de nosotros.
No había comprendido su sufrimiento con la comida hasta que en una cena entre colegas me señaló con ansiedad la foto de un steak a la pimienta en el menú del restaurant mientras lo golpeaba repetidamente con sus dedos.  Me solicitó además que le tradujese al camarero que lo quería muy picante. Cuando probó la carne pidió llamarlo de nuevo para manifestarle que el steak no estaba lo suficientemente condimentado para su gusto y que debía traerle algo más fuerte para aderezarlo. El camarero acudió con una botella nueva de ají líquido y Selva virtió su contenido -con total generosidad- sobre la carne. Al terminar de comer, con una sonrisa plena de satisfacción y en un gesto de agradecimiento a la comida, eructó con fiereza sobre todos los presentes quienes pudimos apreciar la mezcla del ají con la gasesosa que había bebido.


A Diez metros de distancia me gustó porque aparte de las impecables actuaciones de H. Mirren y O. Puri y de la dirección del realizador sueco L. Hallström, razoné sobre lo poco benignos que somos cuando  compartimos cotidianidad con personas de países muy alejados en costumbres al nuestro. Un restaurant de lujo francés debe dividir su escena culinaria con un restaurant indio. En un comienzo,  evidenciando su ignorancia, Mme. Mallory rechaza  la cultura india asumiendo su vulgaridad. Sin embargo, a medida que avanza la historia reconoce la riqueza de los sabores y las costumbres de la India y de cómo pueden fusionarse con la comida y cultura francesas.

Tomate de árbol, Solanum betaceum
En esos días de la universidad, Jacqueline, una preciosa y buena lojana, me enseñó un glorioso aderezo  para los cangrejos durante un almuerzo de esos que no quieres que termine, por la calidad de la compañía y la comida. Mucha cebolla morada rebanada muy finamente en juliana, bañada abundantemente con limón y sal y luego mezclada con tomate de árbol previamente licuado y colado sobre la cebolla y el limón. Hay ventajas en el intercambio cultural.


Selva regresó a su país al concluir su investigación no sin antes dejar una estela de amistad por doquier. Fue una estadía memorable por muchas razones, pero ¿saben lo dificil que es para un indio leer textos en español? los fonemas ni siquiera se parecen... por lo que entender a dónde iba un autobús era una agonía.  No puedo dejar de agradecerle la enseñanza de su cultura y la traducción de sus poemas del tamil al inglés (en especial el del amor entre una flor y una estrella de mar) sin haber tenido que viajar a través de los miles de kilómetros que separan su país del mío.


Lástima que no llegó a probar el aderezo de Jacqueline. Le hubiese gustado.