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"Lotus lilies" es de Charles Courtney Curran (1861–1942), impresionista nacido en Kentucky, Estados Unidos .

sábado, 20 de febrero de 2016

Magnolias de acero, el olor a hogar de Llanos y los cupcakes de las esposas perfectas




Magnolias de acero (Steel Magnolias, 1989) es una película de comedia y drama sobre seis mujeres de diferentes edades, caracteres, quehaceres y clases sociales que viven en un pueblo de Louisiana, Estados Unidos. Una joven peluquera llega al pueblo y en el salón donde consigue trabajo todas comparten sus dudas, miedos y esperanzas en una suerte de familia no consanguínea. El guión de la película fue realizado por Robert Harling, basado en su propia historia corta (y quien también escribió el libro y guión de la película el Club de las primeras esposas)


A friend call. Óleo de Annie Sykes, circa 1884. PD.
De una manera similar conocí a Llanos. Me fui a trabajar lejos de casa y lo único que encontré para vivir fue un apartamento en un edificio recién estrenado por una pareja española. Toqué la puerta de su apartamento en una de actitud diplomática para decir un  hola que tal cómo están* estoy a la orden aquí enfrente  
a Llanos, su esposo Fran y Nela, su perra de raza labrador.
En ese preciso momento el destino me puso delante una mujer que se transformó en amiga y una amiga que fue hermana, un amigo con el que pude siempre contar y una perra que me hizo sentir que estaba en mi casa.


Compartimos una historia de comedia y drama, eso sí, mucho menos trágica que la de Magnolias de acero pero no menos particular: risas a montón, preocupaciones, confidencias, sustos, viajes, embarazo, nacimiento de Paquito, hospital, más sustos, mudanzas, muchas compras en el supermercado, incontables salidas con Nela, cata de capuchinos, de panes en cuanta panadería aparecía ante nosotros, de comidas típicas, de galletas, cocina en conjunto e intercambio de recetas...uff. 
Por ejemplo, la escalibada de Llanos y Fran es realmente gloriosa. Pimentones, berenjenas, sal, mucho aceite de oliva y horno. Sacar la piel de las verduras, vertir el aceite donde se cocinaron, añadir una lata de tomates escurrida y ya. Muy importante, mojar el pan calientito (ese que ha sobrevivido el camino de la panadería a casa) en el aceite pletórico de sabor y comerlo. El paraíso, más aún si se tiene hambre. 


Durante esos meses, Llanos y Fran crearon una empresa familiar sin fines de lucro para compartir su sapiencia en el arte de la dulcería. Magdalenas, donas y galletas salían todos los domingos de su horno para llevarlos al día siguiente a la universidad. En un comienzo, nuestras cocinas estaban apenas separadas por un tabique. El aroma de las magdalenas con un toque de canela salía de la suya para llegar hasta la mía y hacerme flotar hasta su puerta y como en esas escenas de las comiquitas, persiguiendo el olor de hogar, el que rodea a los amigos en una mesa con dulces y café en una tarde de frío. 


En un arranque de optimismo, ya no sé cuál de nosotros sugirió mejorar lo inmejorable con mis mermeladas. Y así nos asociamos para crear unas fabulosas magdalenas rellenas de mermelada de tomate de árbol, fresa o naranjilla, de crema de limón o de café. Los fines de semana se transformaron entonces en la compra de material de pastelería, de cucharas de madera, bandejas, papel para envolver, en horas sobre el fuego con borboteo de azúcar y fruta, en más aromas de canela y bizcocho. Fran creó una lista de correos para los pedidos y anunciar la salida del horno, diseñó una etiqueta para identificar los productos, un nombre de empresa, un archivo en Access. 
Créanme: el emprendimiento es una cosa maravillosa cuando se hace con cariño. Y más cuando se hace pensando en un bebé que está por venir. Cuando vuelvo la memoria hacia atrás, esos días se ven como si la cinta de una película muy larga se acelerara a tal velocidad que se desdibujan las escenas para convertirse en imágenes sobrepuestas. 
 

Se dice que el origen de las magdalenas es la magdalena de Commercy, un postre de de la región de Lorraine. La historia dice que Madeleine Paulmiere, una joven criada, elaboró unos pastelitos en 1755 para el  duque de Lorraine y fue éste quien le otorgó ese nombre en su honor.
Pero... las “madeleines” realmente tienen forma de concha,  no como la pequeña torta con copete que es característica de la magdalena española. 



La norteamericana Amelia Simmons, en su libro de 1796 American Cookery  (título original La cocina americana, o el arte de aliñar viandas, pescados, volatería y vegetales, el mejor modo de hacer pastas ligeras, tartas, pasteles y conservas)  utilizó el término cupcake para definir a una “tartaleta que se cocina en pequeñas tazas” y que en los últimos años ha sido un boom por la variedad de sus cubiertas con base de mantequilla y muchísimos sabores. A pesar de que parecen lo mismo, las magdalenas y los cupcakes no lo son.
Harvest Apple cupcake

Entre otras diferencias, la masa de la magdalena se inicia con huevos y azúcar  muy batidos y se usa aceite en vez de mantequilla. La masa de los cupcakes es menos trabajada y se comienza batiendo la mantequilla con el azúcar. 
En una escena de la película Las mujeres perfectas (2004), adaptación edulcorada del libro Stepford Wives de Ira Levin y nada que ver con la primera versión, Joanna decide ser una esposa perfecta elaborando decenas de cupcakes con cubiertas de todos los colores y sabores para una fiesta del colegio.  
En Nueva York, Magnolia Bakery se ha hecho tan famosa con sus cupcakes que hasta Hollywood se ha rendido a sus pies. La imagen corresponde a su Harvest Apple cupcake (http://www.magnoliabakery.com).



No voy a decir cuál de los dos es mejor. Los cupcakes están en las bodas, en la televisión, en los concursos de pastelería. Son preciosos a la vista, una tentación para romper dietas, un estímulo para el diseño, la inventiva y por consiguiente, para la perfección. Pero creo que carecen de ese algo que sí poseen las magdalenas hechas en casa. Para mí, las de Llanos son las magdalenas, las del olor de hogar, las que se mojan en el café, las que tienen registro de autor, las que quedaron retratadas en el album de esos días. No sé su receta ni se la pregunté. Si lo hiciera, probablemente no me saldrían igual y el recuerdo perdería algo de su magia. 


* tomé prestada la frase de Angel, un doctor en química teórica de Granada al que le queda muy bien la expresión.

4 comentarios:

  1. Comienza a pensar en una novela gastronómica que es un género quizá no demasiado común, pero con ejemplos notables. Tienes todos los ingredientes, solo tienes que "cocinarlos" y te quedará de rechupete

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  2. Cierto es que fueron momentos inolvidables y desde entonces ya sabes que eres parte de la familia. Ecuador no habría sido lo mismo sin ti.
    Pero creo que es de agradecer tu miedo a no saber donde instalarte y preguntarle a Lucía, ella siempre tan amable con nosotros, que si conocía de algún lugar para vivir y te pusiese en contacto con Fran. Dio lugar a numerosas charlas de muchos y agradables temas. Te queremos.

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  3. Ricardo Corazón de León20 de febrero de 2016 a las 18:32

    Realmente el pasearse por estas lineas me provoca que la boca se me haga agua, al pensar en las delicias que me describen estos relatos. Excelente. Coincido con el comentario de Alejandro, es un don el poder redactar y mezclar con mucho acierto los ingredientes, de manera muy amena y provocativa.

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  4. Debería hacer una puntualización: la frase exacta a la que aludes y que atribuyes al Dr. Ángel es "holamuybuenasquétalestácómoleva". Todo seguido, sin respirar y monocorde. Un fuerte abrazo. Jon

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