En El Señor de los Anillos (1954) de J.R.R.
Tolkien, se menciona una planta curativa athelas,
Aseä aranion, la hoja de reyes,
que era además utilizada para purificar y revitalizar el ambiente. Pero su
poder curativo sólo surtía efecto si las hojas eran utilizadas por un rey Dúnadan,
que en la historia de Tolkien se descubre en el personaje de Aragorn, el
montaraz que guía a una compañía integrada por cuatro hobbits, un elfo, un enano, un
hombre y un mago en una batalla contra el mal. El olor de sus
hojas sumergidas en agua
hirviendo era apreciado de manera diferente por quienes eran curados
bajo las manos del Rey, pero para todos era dulce, vigorizante y purificador.
Faramir lo describió como el olor de “mañanas cubiertas
de rocío de sol sin sombra”,
para Merry era “de huertos, y de brezo en la luz del sol llena de abejas”.
para Merry era “de huertos, y de brezo en la luz del sol llena de abejas”.
En la vida real hay muchas plantas como la athelas. En Ecuador, el cantón Zapotillo de la provincia de Loja es una zona de vida semiárida en la que la cría de cabras es uno de los principales sustentos para las familias. También hay una pequeña actividad apícola, pues se comercializa una excelente miel de abejas del género Melipona, conocida como miel de bermejo. En la parroquia Limones del cantón se ubica el Valle del Palo Santo, un sitio sorprendente. Contiene cientos de ejemplares de árboles de Palo Santo (Bursera graveolens) protegidos por ley.
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| Árbol de Palo Santo. Cortesía del Dr. L.R. Saa. |
(ver El milagro del Palo Santo https://www.youtube.com/watch?v=gis9cttzUtI).
Lo curioso del Valle es que apenas se comienza a transitar por él se sabe que se ha llegado porque se aprecia el aroma dulce y balsámico que despiden los árboles…Un criador agradecido me regaló un pequeño pedazo de madera de Palo Santo, de muchísimo valor porque está prohibida su extracción. Con tan sólo acercar una llama a una astilla ésta se enciende rápidamente y comienza a liberar el humo perfumado. En un experimento con amigos, éstos dijeron que se sentían adormecidos, embotados o reposados.
En la parroquia Garza Real, algo lejos del Valle del Palo Santo, un día fresco y nublado al final de la tarde conocí a Amado, otro criador de caprinos, en su casa
situada en una pequeña colina rodeada de árboles. El clima no dejó de sorprenderme porque es muy diferente al de
las zonas áridas de Venezuela. En ellas, los vientos y el sol ardientes no dejan
crecer más que flora xerófita en una inmensa lejanía de tierra amarillenta inundada sólo por el olor a caprino. Chivo no quiere agua, dicen los criadores venezolanos.
Amado nos entretuvo un
buen rato con su historia sobre el día en el que cazó un tigre, cuento que no creímos
hasta que nos enseñó la foto que se había tomado con el animal, un ejemplar de
puma americano:
-¿Usted cree que si yo me inyecto la sangre de un tigre me vuelvo más potente? me preguntó.
-¿Usted cree que si yo me inyecto la sangre de un tigre me vuelvo más potente? me preguntó.
Al despedirnos, Amado me
tomó la mano y muy emocionado me dijo una de las cosas más hermosas que he oído:
- ¿Sabe usted lo que es para mí que alguien de tan lejos haya venido hasta aquí a hablar conmigo?
- ¿Sabe usted lo que es para mí que alguien de tan lejos haya venido hasta aquí a hablar conmigo?
Y yo desde aquí le respondo ahora:
-¿Sabe usted lo que sería para mí si usted pudiera leer lo que estoy escribiendo?
-¿Sabe usted lo que sería para mí si usted pudiera leer lo que estoy escribiendo?
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| Aethia cristatella |
Algunos tienden a confundir la mandarina (Citrus reticulata) con la clementina (Citrus clementina). La clementina es un
híbrido de mandarina con naranja agria, creada alrededor de 1894 por el hermano
Clement, misionero en Algeria. Carece de la capa amarga que cubre
la corteza interna de los cítricos, lo que le da una ventaja extraordinaria a
la hora de hacer mermeladas y confituras. Pero hay además una diferencia logística: es más fácil quitarle la cáscara a una mandarina que a una clementina :) .
Una fresca y aromática crema de mandarina se prepara con un cuarto de litro de jugo de mandarina, media
cucharada de almidón de maíz (maizina), una yema de huevo, una cucharada de
azúcar glas y dos cucharadas de leche
fría. Se calienta brevemente el jugo sin hervir. El huevo se bate con el azúcar y se añade a éste la maizina disuelta en la leche. A esta mezcla se añade el jugo de mandarina y se cocina todo cinco minutos hasta
espesar. Se vierte en recipientes individuales y se mete en la nevera hasta
servir. Unos pedazos de queso fresco artesanal de cabra (como el que hace Pipo en Santa Ana de Coro en Venezuela) en plato aparte no quedarían mal para hacer contraste de sabores.
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| Interior, morning. P.W. Adam, sin fecha |
Se dice que las memorias evocadas por el olor, aquellas
que han sido disparadas por una experiencia olfatoria, son más fuertes que las estimuladas
por un evento visual o verbal.





El uso del palo santo es inmenso y la crema de mandarina habrá que hacerla. Esos olores que desde niños se nos quedan grabados en la memoria, esos no se olvidan ni en la senectud.
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